La obra de Haruki Murakami rebosa de pequeñas conversaciones de gran valor entre sus personajes. En la conversación a continuación participan dos personas, Watanabe y Nagasawa.
Watanabe, el narrador, se considera a sí mismo la persona más corriente del mundo. La vida no tiene especial interés para él, pero sin embargo no es un ser depresivo. Se limita a dejarse llevar por las corrientes de la vida, observando la extrañeza del mundo desde la posición privilegiada de aquel que no tiene especial interés por nada,.
El otro interlocutor, Nagasawa, es de aquel tipo de personas que puede con todo. Cualquier cosa complicada parece sencilla si él lo realiza. Esto le lleva a acaparar siempre todo lo que esté a su alcance, a lograr cualquier meta, porque, según él, “cuando a tu alrededor todo son oportunidades, es muy difícil pasar de largo sin aprovecharlas”.
La amistad de Watanabe y Nasagawa nace cuando éste último le destaca por encima de los demás miembros de la residencia, mediocres según él y entre otras razones , por no haber leído la obra “El gran Gatsby“, de Scott Fitzgerald.
La conversación tiene lugar en la habitación de Nasagawa, en una residencia de estudiantes de Tokyo:
-¿No hay nada en la vida que te dé miedo? -le pregunté.
-No soy tan estúpido -dijo Nagasawa-. Por supuesto, muchas veces la vida me da miedo. Como a todo el mundo. La diferencia está en que no lo admito como premisa. Quiero llegar hasta donde pueda empleando todas mis fuerzas. Tomando lo que quiero, dejando lo que no quiero. Así es como vivo. Si meto la pata, me detengo y lo reconsidero. Si uno le da la vuelta a esta sociedad injusta, entiende que en el mundo puede explotar sus posibilidades.
-Eso me parece muy egoísta, la verdad.
-¡Yo no me quedo mirando al cielo esperando que caiga la fruta! A mi manera, me esfuerzo mucho. Me esfuerzo diez veces más que tú.
-Tal vez tengas razón -reconocí.
-Por eso a veces miro alrededor y me siento asqueado. Me digo: ¿por qué no se esfuerzan más estos tíos? Lo único que saben hacer es quejarse.
Miré, estupefacto, a Nagasawa.
-A mí me da la impresión de que en este mundo la gente se mata trabajando -tercié-. ¿Me equivoco?
-No es más que trabajo -explicó Nagasawa llanamente-. El esfuerzo del que hablo es algo que se hace por propia iniciativa, con un propósito determinado.
-¿Por ejemplo, mientras otros se quedan satisfechos al saber que han encontrado un empleo, tú empiezas a estudiar español?
-A eso me refiero. Antes de la primavera, dominaré el español. Ya hablo inglés, alemán y francés. Y el italiano, bastante bien. ¿Crees que todo eso se consigue sin esfuerzo?
El fumaba un cigarrillo; yo pensaba en el padre de Midori. A éste jamás se le había ocurrido estudiar español siguiendo unos cursos de la televisión. Probablemente, tampoco había pensado nunca en la diferencia entre esfuerzo y trabajo. Tal vez estuviera demasiado ocupado para ello.
extraido de「Norwegian Wood (ノルヴェイの森)」, de Haruki Murakami. Traducción de Lourdes Porta. Edición en España por Tusquets, 2011

Un comentario
nancy martin morales escribió:
07/08/2012, a las 02:38 (UTC 1 )
MUY BIEN ME GUSTA LO QUE HAY
“ME GUSTA MUCHO”